“De la técnica a la reflexión: El rol transformador de los docentes”

10 de Junio de 2024

Una reflexión sobre el rol y la autonomía de los docentes al interior de la escuela, y las restricciones que enfrentan debido a las políticas públicas y estructuras de poder en las escuelas, lo que afecta su identidad y motivació

La experiencia de ser docente y trabajar en una escuela implica enfrentarse a una serie de situaciones no solo relacionadas con el acto de enseñar, sino también a la comprensión de las relaciones y las dinámicas de poder en la escuela. Dicho de otra manera, muchas veces cuando los docentes interactúan con coordinadores/as, jefes/as de UTP y directores/as, ya se ha establecido la forma en la que debe implementar el proyecto educativo, los elementos que deben considerarse y lo más importante, los límites de su accionar, sin posibilidades de dialogar o construir una proyecto en conjunto, aquí es donde las responsabilidades políticas del cuerpo docente como la toma de decisiones o la autonomía profesional se ven reducidas.

Los y las docentes entran en una especie de limbo en cuanto a su capacidad de decisión en las escuelas, en donde muchas veces su labor se concentra en lo técnico, y no en la reflexión de sus métodos y estrategias para abordar su práctica pedagógica. Es aquí donde se socava parte importante del alma propia, de lo que constituye el compromiso y la identidad de un docente: propiciar el cambio en la sociedad. Gran parte del trabajo docente está mandatado por las políticas públicas, generando una repercusión no solo en su trabajo, sino que en su propia identidad. El/la docente no es un profesional con la posibilidad de tomar decisiones, sino que las políticas públicas y la interpretación estrecha que hace los directivos de la escuela de esta, han desplazado a la tecnificación su rol, en muchas ocasiones reduciéndolo, al acto de ejecutar la clase, cumplir con los programas curriculares, realizar la labor administrativa; esto sumado a las relaciones verticales de poder al interior de una escuela, genera en muchas ocasiones la desprofesionalización de la pedagogía.

En un estudio del año 2015, sobre enseñanza de temas controversiales en la asignatura de Historia y Ciencias Sociales de la perspectiva de los profesores, de los autores Toledo, Magendzo, Gutiérrez e Iglesias se menciona que el hecho de establecer un posicionamiento político frente a un tema controversial, podría significar un conflicto con el sostenedor de la escuela, poniendo en peligro el puesto de trabajo. Esta situación permite interpretar, que lo que representa la escuela para la sociedad es un espacio en donde no puede estar presente ni la política- entendida como la participación en la toma de decisión al interior de una escuela-, ni mucho menos el conflicto -palabra no deseada en el mundo escolar-. Esta situación particular, que afecta a profesores de historia y ciencias sociales, trasciende a todo el cuerpo docente, quienes en ocasiones enfrentan distintos tipos de limitaciones impuestas por las instituciones que rodean a la escuela o por ella misma. Estas restricciones pueden afectar no solo la motivación y convicción necesarias para la enseñanza, sino también erosionar el entusiasmo y la pasión fundamentales para el ejercicio docente. El rol docente no solo reside en la transmisión de conocimientos, sino que va de la mano con la capacidad de autonomía profesional para llevar a cabo sus labores y su participación en las decisiones que se tomen en la escuela. Tanto la autonomía como su rol participativo es parte intrínseca de la docencia y es lo que mantiene “vivo el fuego” y el amor necesario para la realización y validación de su trabajo. Un docente que se compromete con la escuela es aquel que puede desenvolverse con libertad y creatividad en su entorno educativo y que constituye parte importante de las determinaciones al interior de una escuela en conjunto con el equipo directivo.

Dicho lo anterior, parte de la solución a estas problemáticas es trabajar mediante el desarrollo profesional docente, la autonomía profesional y el ejercicio colaborativo con la comunidad educativa en su conjunto, como decisiones pedagógicas en el ámbito de la planificación de clases, hitos importantes del colegio o acciones para mejorar la convivencia escolar, Esto refuerza las confianzas y proyecta una comunidad que no solamente es sólida desde sus capacidades y habilidades pedagógicas, sino que evidencia que el diálogo y las decisiones se toman como una comunidad considerando a quienes son fundamentales: Los y las docentes. Esto es un paso real y concreto a una escuela democrática - no sólo desde el discurso-, que contribuye al desarrollo participativo al interior de la escuela y refleja el verdadero impacto del rol docente y la responsabilidad política inherente a la profesión.